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Ayude al niño a sentirse bien consigo mismo


Un desorden neurológico es suficiente desventaja, pero encima de ese desorden el niño generalmente tiene la desventaja de una autoimagen negativa. Hay tres cosas que contribuyen a esta autoimagen negativa: la manera en que el sistema nervioso trabaja, los sentimientos de frustración e inadecuación que surgen cuando el niño no puede hacer las cosas bien y las reacciones negativas de otras personas a lo que el niño hace. Los padres pueden hacer muchísimo para contrarrestar las reacciones negativas de otras personas y pueden ayudar considerablemente a reducir los sentimientos de frustración e inadecuación.


Un problema físico

El primer paso consiste en darse cuenta de que el problema del niño es de orden físico. Comprende la acción de impulsos eléctricos y químicos en su cerebro. Un desorden de comportamiento o un problema de aprendizaje que resulta de una disfunción cerebral, es un problema tan físico como una pierna rota o como el sarampión.

Cuando una persona tiene sarampión, no se siente en igualdad; está propensa a sentirse irritable y puede ser caprichosa y poco agradable. Más cosas le salen mal porque el problema físico del sarampión interfiere con el comportamiento de la persona. Cuando alguien tiene sarampión lo perdonamos y hacemos concesiones. Cuando alguien tiene un problema de integración sensorial, igualmente debemos perdonarlo y hacer concesiones. Usted puede desaprobar el comportamiento de su hijo, pero no permita que esto dañe el concepto que el niño tiene de sí mismo como persona. Hágale saber que a la gente no le gusta cuando se comporta mal, pero que esto no significa que él nunca le va a gustar a nadie. Ayúdelo a saber qué cosas son socialmente aceptables y después ayúdele a hacer esas cosas.
Si un niño está enfermo y vomita sobre la alfombra de la sala, usted puede decirle: “la próxima vez tratá de llegar al baño”, pero no lo castigue ni lo avergüence porque esta vez no lo hizo. De la misma manera no se debe castigar ni avergonzar a un niño que tiene mala coordinación, que no puede aprender a leer o a escribir, que controla su esfínter o que hace cosas que le disgustan a otros niños. Este niño necesita amor y aceptación más que el niño que no tiene estos problemas y necesita un mundo de apoyo emocional para ayudarlo a volverse más agradable.
Es extremadamente difícil aceptar que un niño esté alterado, que no coopera, que sea obstinado, malo u hostil. Es una prueba a la paciencia incluso de los padres más tolerantes. Requiere más paciencia de la que se puede esperar de cualquier padre. ¿Cómo se puede actuar ante tal comportamiento? Si usted recuerda que el niño tiene un problema que aunque no es visible, es físico, puede resultarle más fácil aceptar este comportamiento y esta disposición. Usted puede amarlo y él puede amarlo a usted. Los sentimientos que el niño tiene para sí mismo, reflejan parcialmente, los sentimientos que usted tiene hacia él.

Previniendo una crisis emocional

Reconozca que su sistema nervioso no es tan estable como el de los otros niños. Esto lo vuelve frágil emocionalmente. Demasiados estímulos, movimiento, gente, confusión, cambios de horario, ruido, exigencias o enfermedad, pueden ser la causa de que pierda el control de sus emociones. Esto es especialmente cierto si el niño es táctilmente defensivo o gravitacionalmente inseguro. Aprenda a sentir cuando su hijo está a punto de perder el control de sí mismo. Por ejemplo las fiestas de cumpleaños son las actividades más estresantes para algunos niños. Cuando usted  sienta que el niño no podrá manejar ciertos estímulos, retírelo de ese ambiente o reduzca la cantidad de estímulos del ambiente. A los niños no les gusta perder el control de sí mismos, pues cuando lo pierden se sienten peor con ellos mismos. Puede ayudar a su niño a mantener un buen concepto de sí mismo, apartándolo de las situaciones que puedan abrumar su sistema nervioso. También lo puede ayudar si usted misma conserva la calma; usted forma una parte importante del entorno de su hijo y el sistema nervioso del niño se ve afectado por el estado emocional de usted.

En lugar de castigo

Si su hijo pierde los estribos o el autocontrol, el castigo únicamente minará más aún, el concepto que él tiene de sí mismo. El niño ya se siente bastante mal por haber perdido el control y el castigo, además, lo hará sentir culpable y avergonzado. En lugar de castigo necesita algo que le ayude a recomponer la compostura. Un lugar tranquilo, alejado del stress, como puede ser su propia habitación, le ayudará más que cualquier otra cosa. Cuando el cerebro se desorganice no piense en castigos, piense en controlar la entrada sensorial del ambiente para ayudar a organizar ese cerebro.
Primero reduzca la sobrecarga sensorial y después proporcione sensaciones que ayuden a la organización. Un juguete de peluche, la manta favorita o una almohada conocida proporcionan el tipo de sensaciones que el niño necesita. Para algunos niños es mejor que los abracen y los carguen.
La acción de una mecedora puede ayudar. En el caso de un niño más pequeño un baño tibio puede resultar calmante. Las actividades al aire libre proporcionan entrada propioceptiva, la cual puede calmar el sistema nervioso del niño, especialmente si la temperatura es fresca, debido a que el aire fresco ayuda a modular el torrente de impulsos de la piel y con frecuencia reduce la hiperactividad.


Disciplina

Esto no significa que no deba disciplinar a su hijo. Todos los niños necesitan disciplina en ciertos momentos. Recompensar el buen comportamiento y retirar privilegios (como ver la televisión) por mal comportamiento es un principio básico de la disciplina. No entable un debate con el niño, simplemente dígale lo que usted está haciendo y por qué. Una vez que haya tomado la decisión de lo que el niño puede y no puede hacer, apéguese a ella; así es que piense dos veces antes de decir “no”. Para ser efectiva la disciplina debe ayudar a organizar el cerebro del niño antes que desorganizarlo; por tanto debe ser consistente, consciente de lo que está haciendo y sensible al efecto que usted está teniendo en el sistema nervioso de su hijo. 

Nota: " La integración Sensorial y el niño" de A. Jean Ayres (Pag. 193-195)

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